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Presentación del libro: Víctor Carranza alias «el Patrón» en la 25° Feria Internacional del Libro de Bogotá

El Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado, MOVICE, hace extensiva la invitación a las organizaciones de derechos humanos, organizaciones no gubernamentales,  medios de comunicación, Amig@s y público en general, a la presentación del libro Víctor Carranza, alias “el Patrón”, escrito por el representante a la cámara Iván Cepeda Castro y el sacerdote jesuita Javier Giraldo, S.J.

Esta presentación tendrá lugar el próximo domingo 29 de abril, a las 3:00 p.m., en el Salón Porfirio Barba Jacob, 25° Feria Internacional del Libro de Bogotá (Corferias) y brindará algunos trazos en torno a lo que los autores llaman como uno de los casos más grandes de “asombrosa impunidad”.

Este libro retrata la historia de Víctor Carranza: “Indisolublemente asociad(a) a la historia del paramilitarismo, al punto de que su ejército de los ‘carranceros’ representa una de las estructuras de autodefensas más antiguas y poderosas”.  (Los pasos de un potentado sin apremio.  El Espectador 2012).

Pese al blindaje que le ha otorgado la justicia colombiana, Carranza es hoy uno de los pilares del paramilitarismo en los Llanos Orientales y ostenta un poder económico basado en el desplazamiento forzado y usufructo de inmensas extensiones de tierra (aproximadamente un millón de hectáreas le fueron despojadas a colonos y campesinos de la región, despojo tan sólo comparable con el sucedido en el Urabá antioqueño) , así como de la comisión de crímenes de Lesa Humanidad.

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Congresista Iván Cepeda y sacerdote Javier Giraldo presentan libro sobre “el patrón” Víctor Carranza

El Espectador 

El sacerdote jesuíta y el congresista por el Polo Democrático Alternativo reconstruyeron la vida y andanzas del polémico zar de las esmeraldas.

El nombre de Víctor Carranza Niño atraviesa la vida contemporánea del país de manera sorprendente. Como pocos, ha sido señalado en múltiples procesos judiciales y él mismo ha sido sindicado de varios delitos, pero siempre ha salido absuelto. La guerra tampoco lo ha tocado. Sus enemigos han caído y él sigue a salvo protegido por su gente, pero también por políticos, religiosos o empresarios. Su poder económico es enorme, así como su influencia en el Llano. El zar de las esmeraldas constituye un enigma que merecía ser descifrado.

Lo hicieron dos defensores de derechos humanos con suficiente recorrido. El sacerdote jesuita Javier Giraldo Moreno, promotor de muchas iniciativas contra la impunidad de crímenes de lesa humanidad en Colombia y América Latina, que además ha asumido la defensa de numerosas comunidades campesinas, afrodescendientes o indígenas; y el representante a la Cámara Iván Cepeda Castro, quien se ha dedicado a recobrar la senda judicial en diversos episodios impunes, tratando de que las víctimas sean debidamente reparadas.

Se unieron para liderar una arriesgada tarea: documentar la vida y andanzas de “El Patrón” Víctor Carranza Niño, quien a pesar de cargar con el lastre de ser señalado como cofundador del paramilitarismo, narcotraficante, presunto autor de crímenes de lesa humanidad en complicidad con agentes del Estado o dueño de inmensas extensiones de tierra lograda a través del desplazamiento forzado, nunca ha sido condenado. Estuvo preso unos meses a finales de los años 90, pero terminó libre y sigue dedicado a sus negocios.

Nacido el 8 de octubre de 1935 en Guateque (Boyacá), desde temprana edad su vida está asociada a uno de los escenarios con más historia de violencia: la zona esmeraldífera. Cuentan el sacerdote Giraldo y el congresista Cepeda, que desde los 11 años era trabajador de las minas y que a sus 28 ya tenía permiso del gobierno para buscar oro verde. Con tanta habilidad que sobrevivió a tres guerras: la de 1965, que dejó atrás la saga bandolera de Efraín González; la de los años 70, que regularizó el negocio; y la de los narcos cuando quisieron quedarse con el negocio a bala.

Luego viene la etapa turbia. Víctor Carranza emigró hacia el Meta, justo en el momento en que la Unión Patriótica trataba de abrirse paso en la democracia, y ahí comienzan los acertijos. El libro del padre Giraldo y el representante Cepeda documenta que después de un operativo del DAS en Bogotá en abril de 1989, la justicia le cayó y una jueza alcanzó a acumular 18 procesos en su contra por interminables delitos. Pero dos años después, a él y a otras 43 personas sindicadas del naciente paramilitarismo en el Llano las absolvieron.

La decisión fue de la misma jueza Marcela Fernández Castañeda, a quien meses después destituyó la Procuraduría por su parcialidad evidente en favor de los victimarios. El tiempo siguió pasando, el nombre de Víctor Carranza nunca dejó de figurar como eventual sindicado, hasta que el 24 de febrero de 1998, a instancias de la Fiscalía de Alfonso Gómez Méndez, por primera vez fue capturado. El cargo principal: patrocinio y financiación de grupos paramilitares. Meses después salió libre por una argucia judicial y después absuelto.

Desde entonces no paran los señalamientos, sin que le pase nada. Por el contrario, la justicia recoge testimonios que reposan en los anaqueles. El confeso paramilitar Edwin Zambrano testificó sus relaciones con el extinto paramilitar Carlos Castaño. El rey de la amapola, Leonidas Vargas, lo acusó de haber ordenado la muerte de su hija. Los hermanos Daniel Rendón, alias Don Mario, y Freddy Rendón, alias El Alemán, han dicho que fue financiador de un bloque del paramilitarismo. No hay poder humano que lo sindique.

Según el padre Giraldo y el congresista Cepeda, a pesar de las declaraciones de Pitirri, Mancuso o cuantos desmovilizados lo han referenciado como uno de los promotores de su causa paramilitar, Víctor Carranza permanece indemne por una razón: sus relaciones de poder y su imperio económico. Dueño de empresas mineras y de ganado, propietario de extensas propiedades y negocios con epicentro en Puerto López (Meta), son tan estrechas sus relaciones políticas y judiciales que difícilmente le podrán llegar con fines legales.

La investigación de Giraldo y Cepeda, titulada Víctor Carranza, alias El Patrón, constituye un desafío a ese silencio colectivo que incluso en el mismo Poder Judicial poco se entiende. En contraste, según la Superintendencia de Notariado y Registro, es propietario, dueño de mejoras o usufructuario de 27 predios, siete urbanos y 20 rurales, a nombre propio o escriturados a sus familiares, y además ha sido, y podría seguir siéndolo, beneficiario de adjudicación de tierras baldías porque obra como un potentado, según él, sin disparar un arma.

Un repaso a la vida de un personaje lleno de zonas grises, pero con demasiado poder para que alguien las explore. “Indisolublemente asociado a la historia del paramilitarismo, al punto de que su ejército de los ‘carranceros’ representa una de las estructuras de autodefensas más antiguas y poderosas”, pero envejeciendo en libertad, al lado de los suyos, rodeado de los guardaespaldas que lo protegen, y escasamente incomodado por escritos como el de Giraldo y Cepeda, quienes dejaron su propia constancia de lo que ellos califican como un caso de “asombrosa impunidad”.

Los autores de la investigación

El sacerdote jesuita Javier Giraldo Moreno empezó como cura en la parroquia de uno de los barrios marginales de Bogotá y, debido a sus estudios en derechos humanos, realizados en Bogotá y París, adoptó ésta como su causa de vida. Por eso, en 1988 creó la Comisión Intercongregacional de Justicia y Paz, con 45 organizaciones católicas.

Entre 1989 y 1991 fue secretario del denominado Tribunal Permanente de los Pueblos y desde entonces se ha dedicado a documentar casos de lesa humanidad, sin apartarse de las comunidades, en especial la de San José de Apartadó, de la que también fue párroco. Su trabajo ha sido reconocido internacionalmente.

A su vez, el representante a la Cámara Iván Cepeda Castro es hijo del asesinado exsenador Manuel Cepeda Vargas y de la líder popular Yira Castro. Se ha destacado como defensor de derechos humanos y es autor de varios libros que registran episodios de impunidad, a través de los cuales busca la acción de la justicia.

La zona de influencia en los Llanos

Después de la violencia que azotó a los Llanos Orientales durante la década de los 50, la región vivió un tiempo de relativa paz. Luego, en los 60 vino un proceso de colonización animado por la reforma agraria, pero también movimientos de comunidades desplazadas que llegaron huyendo de la guerra.

En los años 80 hizo presencia el paramilitarismo, de la mano de Gonzalo Rodríguez Gacha. La primera víctima fue la Unión Patriótica, borrada a sangre y fuego. Las autodefensas crecieron a sus anchas en la región y a lo largo de las últimas décadas se hicieron a un poder territorial y militar que sigue causando estragos.

Hoy, la confrontación entre el Estado, la guerrilla y el paramilitarismo sólo se ha internado llano adentro. Ahora la lucha es por la recuperación de las tierras, en medio de enormes proyectos de agroindustria y explotación de petróleo, sin que la justicia haya aclarado las deudas históricas de los años recientes.

El Espectador, Bogotá, abril 15 de 2012.